CROWDSOURCING: ¿La nueva explotación laboral 2.0?

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No hace mucho tiempo que venimos asistiendo a un boom de nuevas expresiones y significados producidos por ese gran Dios que parece ser Internet. Ya todo el mundo conoce lo que es Youtube, lo que es la URL, lo que es un blogger e incluso lo molesto que puede llegar a ser el spam.

Es asombroso ver como este intangible omnipresente se ha constituido como el núcleo de la vida societaria a nivel mundial. Ha transformado los modos de vivir, de trabajar y de desenvolverse de la gente; y de forma paralela, ella también ha sabido acoplarse para crear una maravillosa y productiva comunión. Fruto de ello, y como hijo predilecto de este imperecedero matrimonio, nos encontramos con la actual web 2.0.

Hay que decir también que este gran producto resultante de la interactividad de las personas con Internet se encuentra, ya desde hace algún tiempo, en su época más adulta. El hecho es que ha madurado tanto, que los más serios y profundos investigadores, profesionales y “dedicados´´ en general a esta nueva rama; empiezan ya a acuñar un nuevo modelo de web: la web 3.0 lógicamente. Pero eso ya es otra historia…

Tampoco quiero dar más la lata con este tema del que mucho hay escrito. No es nada nuevo. Sin embargo, y en relación con lo que venía escribiendo al principio del post, si que quisiera ahondar en uno de esos nuevos términos. Un concepto que se ha desarrollado gracias a las fórmulas más avanzadas de la web 2.0: el Crowdsourcing. También conocido como “ tercerización masiva ´´o “ subcontratación voluntaria ´´.

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Para los que no conozcan nada acerca de este nuevo neologismo, decirles que viene del inglés “ crowd ´´ (multitud) y “ outsourcing ´´ (externalización) y fue empleado por primera vez por Jeff Howe. Se trata de la externalización de una o varias tareas, que una persona, empresa u organización ( crowdsourcer ); realiza mediante una convocatoria abierta, a un grupo numeroso de personas o a una comunidad ( crowdworkers ), por falta de tiempo, de presupuesto o de recursos intelectuales. Obviamente, la realización de dicha tarea es retribuida por medio de una cantidad de dinero o incluso por la simple satisfacción intelectual.

Así pues, nos encontramos con una nueva fórmula de “ innovación abierta ´´, a la que muchas empresas han decidido sumarse. Ha resultado especialmente útil para Pymes y Start-Ups. “Es el negocio redondo. Para las empresas no podría haber menos riesgos y más rentabilidad.´´, decía Francisco Parra Ruiz (químico almeriense). Sin embargo, es ahí donde comienza la controversia que se ha venido produciendo en relación a esta emergente técnica.

Con el paso de los años, muchas empresas han dejado una huella negativa que se ha trasladado a la imagen general que la sociedad tiene del mundo empresarial. Una imagen guiada por la falta de transparencia y el exorbitante entusiasmo de ganar grandes masas de dinero al mínimo coste. Un hecho que junto a la falta de altruismo por la que se caracteriza esta nueva sociedad; en poco o nada ayuda a los resultados positivos que en teoría tendría que generar el crowdsourcing. De este modo, no se llega CORRECTAMENTE a conseguir el desarrollo de la red y de aplicaciones dentro de la misma, a través de la participación de la comunidad mundial de usuarios.

El crowdsourcing se empieza pues a asimilar como un terreno pantanoso en el que trabajar, a causa de las acciones poco legítimas de algunas empresas, ya sea desde una perspectiva judicial como moral. Acciones relacionadas con el aspecto económico del premio, o la propiedad intelectual del trabajo que el crowdworker presenta al crowdsourcer. Por ejemplo, y en directa relación con el denominado “ Acuerdo de confidencialidad ´´ por el cual como es lógico; la persona, empresa u organización tiene todo el derecho a guardarse el material creativo de los participantes, pero no a utilizar ni dar a conocer las propuestas de los usuarios que no sean elegidas como ganadores, y por lo tanto, retribuidas con el premio en cuestión. Eso está escrito y es el Crowdworker el que acepta dichas condiciones, por lo que hasta ahí no hay polémica. El caso es que se pueda llegar a romper dicho acuerdo por parte del Crowdsourcer de una manera “ silenciosa ´´. Recordándonos por ejemplo al caso de Facebook del 2010, en el que se descubrió que esta todopoderosa empresa vendía la información de sus usuarios a empresas de publicidad, sin el consentimiento de estos obviamente. Provocando de nuevo esa inseguridad por parte del usuario a la hora de transmitir información relevante, útil, intelectual y/o personal.

Aunque esta cuestión suele darse sobretodo en plataformas de crowdsourcing creativo o concursos, en las que numerosas empresas lanzan a convocatoria abierta, proyectos basados en una única tarea: diseño de un logo, edición de videos corporativos, creación de páginas web o incluso ideas para libros, entre otros. Una de las más conocidas a nivel nacional es Adtriboo. En su web podrán ver el tipo de plataforma que es y como opera.

Pues bien, pongamos que una persona o empresa lanza el proyecto basado por ejemplo en una idea para escribir un libro, o por qué no, la creación del diseño de una página web. La retribución a la propuesta ganadora será de 1000 euros por poner una cifra. Lógicamente, la propuesta ganadora deberá cumplir con todos los parámetros y características previamente citadas en el briefing por el crowdsourcer, en este caso la persona o empresa responsable del proyecto. Al cabo de 30 días (que sería un ejemplo del timing previamente definido para la consecución y entrega de las propuestas), resulta que hay una lista con un total de 50 propuestas. Entre las que solo una es la escogida para llevar a cabo y por lo tanto para retribuir con los mencionados 1000 euros. Hasta aquí todo bien; la empresa ha conseguido su objetivo, además de un ahorro de tiempo extraordinario a bajo coste. Y el autor de dicha propuesta se encuentra en su casa contando billetes, además de sentirse auto-realizado y con una gran satisfacción personal … La cuestión es: ¿ qué pasará con el resto del material creativo que no triunfó ? Es decir con los otros 49 diseños de webs.

Se supone que todas esas propuestas restantes son desestimadas, apoyándose sobre la Ley de Surtgeon a través de la cual se sostienen diversos “ agentes ´´ de las plataformas de crowdsourcing. Una ley que afirma que el 90% de todo lo recibido de las masas es inútil. Muy bonito pero a mí desde luego que no me convence.

Dejando de lado estos más que dudosos métodos de legitimidad por parte de ciertos crowdsourcers; es más que probable que muchos crowdworkers se hagan las mismas preguntas. ¿ Hasta qué punto es creíble ?; ¿ Quién les asegura que sus trabajos creativos son realmente desechados ?; ¿ Dónde está el limite que les impide utilizar y/o vender dicho material a terceros, o incluso en mercados adyacentes ?. Todo ello sin mencionar la más que frecuente situación en las que el premio queda desierto por falta de calidad, o porque las propuestas no se adecuan totalmente a las características del proyecto demandado. Algo que no hace más que exaltar más aún dichas dudas y preguntas. Pero obviamente, son únicamente los crowdsourcers los que se guardan el derecho de juzgar y valorar los trabajos recibidos. Además de tener previamente el consentimiento por parte de crowdworker. Eso es algo de lo que nadie puede dudar.

Por otra parte, el usuario no puede ganarse la vida a través de su trabajo creativo mediante plataformas de Crowdsourcing, y mucho menos planteárselo como una forma de ahorrar. Es algo que a muchos de estos creativos les desmotiva. Además de que la recompensa a veces no es alta en relación al trabajo o propuesta presentado, y mucho menos respecto a los resultados que obtiene la empresa con ello. Según Enrique Estellés, “ los crowdworkers suelen considerar estas recompensas muy pobres ( 0,04 $ por etiquetar 5 imágenes, por ejemplo ) lo que genera malestar y merma la motivación. ´´.

A pesar de todos estos puntos negativos, que pueden jugar a favor de ciertas mentes escépticas respecto a la técnica del Crowdsourcing; también resulta ventajosa en algunos aspectos.

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Por encima de todo, presenta la oportunidad de dar trabajo a mucha gente que puede estar en el paro, ya que “ elimina una barrera financiera que prohíbe a la mayoría de la gente a participar en el arte…´´ como dice A. Grover. Esto gracias a internet que permite la posibilidad de trabajar junto o en una comunidad de forma libre, y sin tener que estar físicamente presente. Además de favorecer la satisfacción de pertenecer a una comunidad de personas con características similares. E incluso, puede también motivar al usuario por el hecho de formar parte de un proyecto de cierta importancia dentro de una empresa.

Sin olvidarnos de la posibilidad por parte del crowdworker de ser contratado en un futuro, si el trabajo del primero ha sido satisfactorio y su estilo y profesionalidad son del agrado del crowdsourcer.

Como vemos, el Crowdsourcing como técnica emergente desde hace ya unos años, parece no poder salir de una espiral de controversia y polémica. Todo influido también como decíamos por la mala imagen y reputación que se han ido forjado algunas empresas; y que a causa de ellas, se ha trasladado al mundo empresarial en general.

Una técnica que deja a mucha gente con la pregunta de si se trata realmente de un nuevo modelo de oportunidades de trabajo en comunidad; o por el contrario asistimos a una nueva “ forma emergente de explotación laboral a través de internet ´´ (Postigo, 2003).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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